Habiendo celebrado en días anteriores el día de los maestros; deja en el aire algunos cuestionamientos que todos nos hemos hecho . ¿Es el aprendizaje algo que se inculca solamente en las aulas?, ¿Es éste terreno exclusivo de los maestros?
Podemos llenar todo un arsenal de respuestas, sorprendentemente contradictorias entre sí. Si recolectamos la respuesta de sociedades enfocadas al control externo de los gobiernos en la vida de dicha sociedad la respuestas serían negativas. Así que, gozando de las libertades (sean éstas pocas o muchas) que un gobierno con bases democráticas nos puede ofrecer, la respuesta puede enfocarse a que el aprendizaje es libre y responsablemente administrado por el individuo.
¿Hacemos un verdadero uso de esta libertad?... Estamos ahora frente a una pregunta que realmente nos empuja a una reflexión profunda. El conocer qué tan confiados estamos de nuestras capacidades para obtener conocimientos por nuestra cuenta, y compartirlos con los demás, sin importar si llevemos años o días en la docencia; puede ser un detonante en la manera en que nos relacionamos con nuestro entorno, con nuestra sociedad.
Hemos de ser lo suficientemente humildes para reconocer que ninguna persona, por inteligente que sea, posee la verdad absoluta. De ahí podemos dejar por tierra las ideas de que en las aulas el maestro es el que tiene la última palabra. Con un mundo tan cambiante, donde cada segundo se descubren cosas nuevas; sería una insensatez y una falta de hambre de conocimientos afirmarlo.
También debemos fomentar en las aulas el interés por investigar y descubrir; el hacer partícipes a los alumnos de la aventura del aprendizaje les permitirá sentirse parte de él ( y en verdad lo son). Nos estaríamos perdiendo de importantes descubrimientos que podrían hacer nuestros alumnos si no lo hiciéramos; a la vez que estaríamos minando o desapareciendo el interés y la importancia de estar en un centro donde puedan obtener conocimiento, y ¿por qué no?, generarlo.
Finalmente, en una sociedad de aprendizaje todos aprendemos de todos. El que estemos frente a un grupo no nos hace los sabios dentro de él. Somos coordinadores y orientadores en los procesos de aprendizaje que se llevan a cabo en un salón de clases. Debemos estar abiertos a toda la información que los alumnos han logrado obtener en sus horas de búsqueda e investigación; pero siempre con la responsabilidad de mostrarles que todo aprendizaje obtenido de estos intercambios deberá ser siempre puesto al servicio del bien común, al servicio de los demás.
El valor del aprendizaje radica en su utilización para el bien de la humanidad. Estamos concientes de que en cualquier medio de comunicación global hay peligro de exponernos a ideas absurdas y retorcidas que claman por el bienestar personal y la codicia, y nada más. Cualquier descubrimiento que no sea puesto al servicio de todos no puede tener cabida en la aldea global, mucho menos en las mentes de las personas que serán los futuros encargados del destino de la sociedad. Teniendo en mente el bien máximo para todos, estaremos ayudando a forjar humanos en todo el sentido de la palabra.
Así es que, en estas fechas memorables, hagamos un recuento de las acciones que hemos emprendido para llegar a este fin; recordemos a los que nos pusieron en este camino por el simple amor a la enseñanza, y caminemos de la mano de quienes están ahora bajo nuestro resguardo, para juntos descubrir y redescubrir diariamente éste; el valor del aprendizaje.
Hasta una siguiente entrada.
domingo, 17 de mayo de 2009
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